Joel Sangronis Padrón

Joel Sangronis Padrón es abogado y sociólogo venezolano, nacido en 1960 en el campo petrolero de la British Oilfields Controlled en Mene de Mauroa, estado Falcón. Profesor universitario en programas de pregrado en la UNEFM y de posgrado en la UNEFA, ha sido además un agudo analista político y colaborador habitual en medios impresos como El Nacional, Panorama, Temas, Venezuela y El Globo, así como en reconocidas plataformas digitales como Rebelión.org, La Haine, Ecoportal.net, Alai-amlatina, Contrainsurgente y Kaosenlared.

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OBRAS DEL AUTOR

La Tigresa de Azerbaiyán​

Algunas historias nacen para conmover; otras, para despertar conciencias. La Tigresa de Azerbaiyán, de Joel Sangronis Padrón, es ambas cosas. Esta obra, a medio camino entre la novela histórica y el testimonio literario, nos entrega una figura inolvidable: Irina Irishénkova, una joven científica soviética que encarna la fuerza de la rebeldía y el valor de la palabra crítica en tiempos de represión ideológica. A través de ella, el autor reconstruye una época turbulenta y una patria en tensión, donde las decisiones personales podían tener consecuencias históricas. La obra se despliega en un contexto profundamente marcado por el miedo, el autoritarismo y la traición, pero también por la fe en la utopía, en la posibilidad de una revolución que no traicione sus principios fundacionales. En ese conflicto, entre la verdad y la conveniencia, entre la burocracia represiva y la pasión transformadora, La Tigresa de Azerbaiyán encuentra su potencia.” José Daniel Figuera

La Turca

La novela La Turca es, o pretende ser, un viaje por la historia petrolera oculta y silenciada de Venezuela; la historia de los derrotados, de los vencidos, de los que perdieron, pero sin cuyo aporte y participación no habría sido posible la construcción y desarrollo de dicha industria. Una historia contada a partir de los sueños y pesadillas, de los traumas e ilusiones de una mujer nacida en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, pero de ancestros árabes-drusos.La realidad del presente sólo puede ser comprendida a partir de su contexto y desarrollo histórico; pero si las fuentes materiales de estos contextos pertenecen y son exclusivos de una determinada clase social, con sus intereses y particular visión de los mismos, la realidad del presente se deforma y falsea según lo decidan y versionen los voceros de dicha clase.
Decía Albert Camus que la memoria de los pobres está siempre menos alimentada que la de los ricos;
tiene menos puntos de referencia en el espacio y en el tiempo. La historia petrolera de Venezuela ha sido, hasta ahora, la que está contenida en los archivos, fichas y
documentos escritos y audiovisuales de las grandes corporaciones anglosajonas y de un estado venezolano
que, hasta la llegada del comandante Chávez al poder, representó y protegió los intereses y la visión de
esas transnacionales. Los pobres, los desposeídos sólo tienen su memoria colectiva, sus leyendas que cada
día se difuminan más en la niebla del olvido

La historia de Venezuela no se entiende sin el petróleo, pero tampoco se comprende si no se indaga en las huellas que este ha dejado sobre el cuerpo y la conciencia de su gente. Las niñas del petróleo, de Joel Sangronis Padrón, no es solo una colección de cuentos: es una autopsia literaria de un país moldeado por la renta y la dependencia. A través de una narrativa intensa, crítica y profundamente humana, el autor retrata las contradicciones, delirios, miserias y esperanzas de una sociedad que se formó a los pies del pozo y el balancín.

El genocidio de Ruanda fue una herida abierta ante los ojos del mundo. Fue un crimen cometido con machetes, pero también con silencios. En ese contexto, este libro actúa como un espejo y una advertencia. Porque allí donde la propaganda étnica sustituye al pensamiento, donde el odio es institucionalizado y donde las potencias miran hacia otro lado, la historia tiende a repetirse. Luna de Ruanda es, por tanto, una elegía, pero también un testimonio de coraje. La mujer que narra —con la muerte sobre los hombros y la luna como único testigo— no representa únicamente a una etnia ni a una nación. Representa la capacidad humana de sostener la dignidad aún entre las ruinas, de hablar aún cuando todo ha sido arrancado, de recordar cuando lo más fácil sería olvidar.